La apaciguada tarde de un viernes se siente agitada por el convulsionado afan de los ciudadanos, que ven en este día la sempiterna ilusión de un descanso después de haber dejado todas sus fuerzas ante el imperante mandato del capital: ¡produce! que con el intercambio de estas fuerzas volveras a ilusionarte con un viernes acelerado donde gastes lo que la fuerza de tu trabajo te dió